El silencio entre las palabras

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Ópera prima de un profesor reconvertido en amigo. De un policía reconvertido en escritor ( o al reves)

La línea que he pretendido seguir y que inicié desde la propia creación de NonverbaL es la exaltación de las emociones, el análisis de conducta y comportamiento no verbal. Y a pesar de esto, necesito contaros la experiencia de leer esta obra de quien fue profesor de un servidor y uno de los “culpables” de mi apasionamiento por esta área vinculada al desarrollo humano. Él no fue consciente de esta crítica y nuestro contacto, por desgracia y obra de la distancia y las ocupaciones de ambos, se limita a líneas virtuales, congresos y conferencias en las que coincidimos. Menos ocasiones de las que me gustaría, sin duda, por la calidad humana que atesora. Originalmente, el descubrimiento de su persona y la curiosidad me llevó a indagar y leer artículos, su blog y su primera obra, de la que quiero comentaros algunas impresiones. Y sí, hay relación entre la obra, “El silencio entre las palabras “y mi motivación, “emociones sin palabras”. 

Es un relato breve, de apenas 150 hojas que merece ser leído sin prisa, cómodo, percibiendo las emociones sentidas por cada uno de los personajes, que de forma dosificada, planificada nos presenta el autor. No es una obra de aventuras al uso ni de intrigas catastrofistas. Más bien es la historia de emociones ocultas tras vacías vidas ficticias, sonoros silencios,  temidos respetos. La elaborada descripción nos traslada con facilidad a la escena de la acción (“El pueblo, un manto blanco y ocre entre ejércitos de olivos en formación de asedio, unido al mundo por una única carretera que lo atravesaba como un sablazo que hiere de muerte”). 

El autor, Juan Enrique Soto,  no deja joyas, que posiblemente salgan de un lugar más lejano que la punta de su bolígrafo y que, al menos a mí, me han aportado argumentos para una sosegada y placentera reflexión. (…“Esa habilidad le permitía juzgar a los hombres y utilizarlos en su provecho porque el hombre que desnuda su corazón, se expone demasiado a aquellos que no lo tienen”).

Gracias Juan Enrique

Ignacio Pérez Piñero