En un lugar de Colindres

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La extraña relación entre Colindres y Cervantes

En 1995, la Unesco aprobó proclamar cada 23 de abril como Día Mundial del Libro y del derecho de Autor. Y es que en esta fecha nacieron o murieron gran cantidad de ilustres escritores de todo el mundo , aunque si alguna defunción fue especialmente significativa fueron las de Inca Garcilaso de la Vega, Shakespeare y Cervantes. 

Mas ni el citado Garcilaso es el poeta y militar español del siglo de oro sino el peruano de ascendencia española , Gómez Suarez de Figueroa, ni para los ingleses y españoles Shakespeare y Cervantes  murieron el mismo día, puesto que mientras en Inglaterra aún se mantenía el calendario juliano, siendo la fecha de defunción el 3 de mayo, en España ya se había adoptado el calendario gregoriano siendo 23 de abril. Aún y todo, Cervantes había muerto el día anterior, el día 22. 

Sea como fuese, y volviendo al Día Mundial del Libro y Del Derecho de Autor, es especialmente significativa la fecha por celebrarse esta vez el IV Centenario de la muerte de Cervantes, ilustre novelista, poeta y dramaturgo, autor de la obra Don Quijote de la Mancha, considerada la primera novela moderna y una de las más reconocidas obras de la literatura universal, siendo además el libro más editado y traducido después de la Biblia. Por cierto, no es muy conocido que  Shakespeare fue un gran admirador de la obra de Cervantes escribiendo en 1613 la obra teatral “La historia de Cardenio,” inspirada en un personaje del Quijote. 

Fue tartamudo como él mismo reconoce, no fue manco, nadie conoce su aspecto, puesto que no existe registro alguno de él, tuvo un impostor y su éxito fue póstumo. Vida novelesca la suya propia, que le llevó desde batallas navales como la de Lepanto a la esclavitud en Argel. De oficios de supervivencia como el de recaudador de impuestos para la administración, ya en una España imperial que alimentaba más egos que estómagos y que le llevó a sus tres excomuniones por reclamar los impuestos a la iglesia, a complicada vida amorosa, asentada en Valladolid donde termina la primera parte de “Don Quijote de la Mancha”, ciudad de la que no subió más hacia el norte , y sin embargo, conocía Colindres, o al menos, de oídas. 

Y es que en una de sus insignes obras, perteneciente a las 12 conocidas como Novelas Ejemplares publicadas en 1613, la titulada como “El Coloquio de los Perros”, en el diálogo que se establece entre los dos perros, Cipión y Berganza, se hace un repaso de las personas que pasaron por su perruna vida. Y es aquí donde aparece La Colindres, mujer de vida alegre y tramposa, amiga del alguacil, con quien “establecen unas tretas para sacarle los dineros a los incautos que de La Colindres buscaban amores”.   Había numerosas opciones de poner nombre a la prostituta y si de pueblos españoles fuese motivo no parece muy probable para haber tocado al de Cantabria que a la sazón no tenía muchos más de 350 habitantes y que el escritor no conocía personalmente. Pero si  a Diego de Colindres, más conocido por D. Nufio, poeta afincado en Sevilla, que ocupó la presidencia en un torneo burlesco organizado en San Juan de Aznalfarache en el que Cervantes participó y del que no salió muy bien parado por un asunto de uso de un romance ajeno. Parece que la satírica decisión de bautizar con la Colindres a la buscona de la citada novela ejemplar, tiene que ver con el despectivo uso de los poetas de origen cántabro afincados en Sevilla, más que con el conocimiento del pueblo en si.

Pero la relación de Colindres con Cervantes no acaba en el apodo del personaje. En el Kiosco de la música de estilo neomudejar, aprobado el proyecto en 1915, se deja sentir la expansión del sentimiento quijotesco en vigor tras la celebración del III Centenario de la publicación del Quijote. Esto llevó a instalar una serie de azulejos con escenas de los 10 primeros capítulos de la famosa novela de Cervantes, obra de una de los más representativos talleres de cerámica de Triana, Mensaque Rodríguez y Cía, fundada en 1846, tal y como se puede apreciar en troquel en el anverso de uno de los azulejos del Kiosco. Los bocetos de las escenas cervantinas, corresponden al sevillano José Jiménez Aranda, cuya vida profesional y artística basó en el Quijote y que llevó a las mejores exposiciones europeas de finales del siglo XIX y de quien posee el Ayuntamiento una de sus ediciones originales. 

A principios del siglo XX, Colindres supo incrementar  su patrimonio , aprovechando la fuerza que el III Centenario de la publicación de “El Quijote” supuso de desigual manera en el país. Un siglo después, cuando se celebra el IV Centenario de la muerte de, posiblemente los dos escritores más reconocidos de la historia y de los cuales, uno es español, que dejó el nombre de un humilde pueblo cántabro, en el que jamás estuvo, reflejado en una de sus obras, nunca para vergüenza de nadie, un siglo después de la acertada decisión de sumarse a la historia del de la “triste figura”, Colindres debe hacerse visible y sentir como pueblo que efectivamente Cervantes, no solo es patrimonio de allí donde estuvo, sino de allí donde se le quiso.